Presenciamos el agotamiento de las instituciones que dieron a luz a la infancia moderna. Su producción institucional en términos tradicionales es hoy prácticamente imposible. La diferencia simbólica entre niños y adultos no puede erigirse ya que el consumo generalizado produce nuevas subjetividades: el niño deja de ser concebido como el hombre o la mujer del mañana, siendo, como consumidor, sujeto en la actualidad. Desaparece la latencia que representaba la infancia. Las diferencias no tienen que ver con etapas de la vida sino con estar incluido o excluido del sistema de consumo.
(Corea y Lewcowicz)
